Publicado en la revista Plan "B" de Intervención Audiovisual, nº 2, Barcelona, mayo 1997


        Alguien ha tomado mal el recado

        Todavía ando con la idea de que el Cine aún no está descubierto. Continúa un largo proceso en el que se irán encontrando, casi siempre sin buscarlas, a pesar de buscarlas muchas veces, sorprendentes innovaciones que nos llevarán a nuevas perspectivas ante las que sentiremos que prosigue su natural desarrollo, hasta convencernos de que por fortuna nunca se llegará a la conclusión de que ya está descubierto.
        Esto es lo que le da la innegable característica de Arte, en relación directa con la evolución sensorial del hombre.
        El video, a pesar de sus grandes posibilidades como medio de difusión, también del Cine, tiende a ser espectáculo en la forma anulando el posible contenido.
        El Cine tiene una comunicación directa con los resortes de la emoción, se desenvuelve en la humanística.
        El video se desenvuelve en lo científico, por medios electrónicos, cibernéticos, de la informática, y a mayor desarrollo que se logre en su forma, sólo es forma, más se aleja de lo emocional.
        Tendría que hacer una larga disertación sobre que el Cine también utiliza medios mecánicos, eléctricos, químicos, y que el video también fue inventado por el hombre, claro; pero hasta en esa posible comparación encontraríamos divergencias respecto a los efectos psíquicos que producen. Y que ya se aprecian, para cualquier observador que ponga interés.
        Sería muy largo y no es éste el tema primordial de lo que ahora intento decir. A ver si lo logro.
        Veamos. El video puede superar en mucho al Cine en la información. En esto puede ser mucho más eficaz y positivo; o negativo, por esa misma facilidad de manipulación.
        Ahí está lo asombroso de los efectos especiales, eso de la realidad virtual, que me impresiona y llego a sentir un poco de recelo. Pueden deslumbrar, alucinar, aturdir, con su capacidad de engaño; engaño aceptado incluso, como muy bien explica Carlos Atanes en el número anterior de Plan "B".
        Resulta así muy fácil condicionar la voluntad del que entra en el juego. Y los que mandan lo saben.
        El Cine puede hacernos soñar, se ha dicho muchas veces.
        El video puede hacernos dormidos, se prevee.
        El video está descubierto en el momento en que se inventa.
        Puede desarrollar mayores posibilidades técnicas de mejor y más brillantes efectos electrónicos, imágenes de todo tipo, todas las imágenes que sea posible imaginar, transformaciones de cosas, paisajes, gentes, de una cara bonita a un monstruo repulsivo, destrucciones, sobre todo destrucciones, hasta ahora. Creo que nunca logrará imágenes de sentir, de sensibilizar, de emocionar. ¡Qué difícil es esto, diablos! Ya sé que el susto, el miedo, el horror, el asco, la repulsión, también pueden hacer sentir, sensibilizar, y tal vez lograr una lejana emoción morbosa, acre, náusea. Cuanto más perfectas sean las nuevas imágenes, más áridas, instintivamente más rechazables, emocionalmente repelentes. Y hay algunas que pueden llegar a ser bonitas, muy atractivas, nunca bellas.
        Cuando el Cine utiliza esos efectos especiales incorporándolos en algunas escenas, o toda una película hecha por este procedimiento, adquiere ese efecto de aridez que repugna, de rechazo instintivo a algo metálico de imán negativo, aunque el espectador no llegue a ser consciente, y hasta le guste, lo siente como algo de alergia que no llega a manifestarse.
        El Cine tiene pulsaciones. Sus veinticuatro imágenes por segundo existen, una a una, y se muestran con su presencia, concretas, son ahí mismo, donde las estamos viendo; y conservan y transmiten el hálito de quienes las crearon. Hasta el haz de luz que las transporta tiene vibraciones de humanidad, porque tiene pulsaciones de veinticuatro imágenes por segundo.
        En una película hice el experimento de que todos los planos tuviesen la duración de múltiplos o divísiplos de veinticuatro imágenes, y algunos de un segundo, con sus veinticuatro imágenes, claro, para que con la mayor frecuencia posible conseguir que cada cambio de plano coincidiera con una pulsación del espectador, calculando que toda persona sin anomalías cardíacas tiene unas sesenta pulsaciones por minuto. Tengo la seguridad de que la mayor parte de los espectadores de esa película sincronizan sus pulsaciones con las de las imágenes que están viendo.
        En esto no había ninguna intención subliminal; es un efecto totalmente diferente, e incluso opuesto.
        Por el video apareció la denominación de audiovisuales y más tarde lo de multimedias. No estoy en contra, no se puede estar en contra de algo que se impone y es aceptado por la mayoría, como dicen los demócratas, y que se nos impone desde los centros de poder, económico y su subsidiario político, pero continuaré defendiendo mi libertad. Me niego a aceptar que el Cine se incluya en esas denominaciones; aunque sea para ver y oir, o no, es mucho más que eso. Y no va dirigido a las masas sino a quien quiera aceptarlo y decida ir, venir, a él.
        El Cine es una propuesta. El video y sus consecuencias, que evolucionan ampliando aceleradamente sus posibilidades, es una imposición.
        Vista en televisión, pasada a video, es peor la mejor película. El tiempo, ahora de reloj, se deforma al pasar de veinticuatro imágenes a veinticinco, por segundo, del video, se provoca una precipitación que en un minuto gana sesenta imágenes; el sonido se hace más agudo y en él los diálogos llegan a ser estridentes. Y el ritmo es distinto; se pierde el ritmo que el autor haya sentido al hacer la película. Y el público, casi nadie, nota el engaño y no sabe que algo le está haciendo daño.
        El video es un juego prodigioso, con la facilidad de ir al más difícil todavía, hacia el exterior, alejándonos cada vez más del alma; alma de todo, de las cosas, de las gentes, de las obras que en él se intenta crear. Sí, también prodigioso, se aleja del alma de sí mismo.
        Como réplica, o reacción, aunque inconsciente, el Cine se simplifica, se desprende de efectos que no sean los que incluye desde el video, cuando las películas son menos Cine.
        Es la creación del artificio.
        En el Cine el espectador está a la expectativa de que alguna emoción nueva puede sorprenderle, siempre tiene la sensación de que puede ocurrir en cada y cualquier momento, y no me refiero a un suceso en el desarrollo de la narración, espera y desea la impresión no de algo sino de otra cosa, que también puede darse en alguna ocasión en el desarrollo de la historia, el argumento, en el que está poniendo su atención.
        El Cine insinua y el espectador acepta entrar en un diferente y exclusivo estado de percepción, de asimilación. Un poco, o tal vez un mucho, un todo, de eso de la comunión.
        El Cine crea su tiempo, que nada tiene que ver con los relojes ni los calendarios; entra en el infinito, sin pasado, sin futuro, en que todo está ocurriendo siempre.
        El Cine es una necesidad desde que el hombre empieza a saber de sí, a saber que es. Y por fin lo inventa y empieza a descubrirlo.
        Lo grave es que está siendo utilizado por esta sociedad que inventa el video, que tiene como origen la idea de que la utilización de las imágenes puede ser muy conveniente, y lo es, para que de una manera más directa, más contundente, poder condicionar la manera de pensar, nunca de sentir, de la sociedad, nunca del individuo, que se mantiene en su idea de la libertad.
        Así que el Cine lo inventa el hombre y el video lo inventa la sociedad; lo cual no es bueno ni malo, sólo según como se utilice. Y es evidente que hasta ahora el video sólo ha demostrado que puede crear, insisto en ello, monstruos, violencias, destrucciones, deformaciones y aceleraciones superando con mucha ventaja al cine más abyecto, afortunadamente. Porque así está forzando una inintencionada purificación del Cine.
        Tiene también la enorme ventaja, el video, de que todo el mundo puede llevar consigo una cámara con la que puede grabar las imágenes de unos policías golpeando con saña a un detenido; y cosas por el estilo, por ejemplo.
        También la de que la policía puede grabar las imágenes de una manifestacióon que no les guste a los que mandan. Y cosas así. Como las cámaras colocadas con estrategia, en las calles y demás lugares públicos e incluso los interiores de las casas, donde crean que les conviene para mejor vigilar y controlar. Y cosas por el estilo.
        En todo esto noto algo así como si la humanidad, el hombre, estuviera en permanente necesidad, y deseo, de evolucionar, de ir hacia delante, y que algún sector de esa misma humanidad pusiera toda su atención en buscar, y encontrar casi siempre, todas las trabas, palos en las ruedas, para evitar esa evolución.
        Así, la técnica, lo científico, va por delante de la humanística, empezó a adelantarla en este siglo, ya en las primeras décadas. La carretera se ha colocado delante de los bueyes.
        Puede ser que sea, seguramente, el proceso irreversible para lograr el oculto y nunca confesado propósito de suicidio de la humanidad.
        Cada vez estoy más convencido de que alguien, muchos alguienes, han tomado mal el recado.
        Seguiré defendiendo no estar entre ellos.