Intervención de José María Nunes en el II ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS ARTES, Valencia 2002


        La responsabilidad cívica de las Artes

        Si empezamos a meditar sobre la influencia que la obra a la que vamos a dedicar nuestro esfuerzo puede llegar a tener en los posibles espectadores, lo aconsejable sería no hacer la obra. Ningún creador puede atribuirse la capacidad de asumir esa responsabilidad.
            Pero muchos, la mayoría, no lo sabemos. Y no llegamos a creadores. Por eso la cantidad de obra irresponsable que por ahí anda, que no llega a obra.
            Hablo de Cine, claro; y no excluyo la mía para poder hacer estas observaciones con el compromiso de subjetividad, porque la objetividad es imposible.
            Las Artes, el Arte, como ya se sabe, es consecuencia de los sentidos, que han venido desarrollándose. Y el Cine es el séptimo de Ellas. Un prodigio de coincidencia, tan lógica, Séptimo Arte, Séptimo Sentido.
            Hay una responsabilidad concreta de la Arquitectura, que se inicia con su utilidad; a la que habría que condenar como el Arte por el que más hombres, personas, han muerto en las construcciones de los grandes templos de todo tipo, por lo que yo propondría que fuera descalificado como Arte, a pesar de que respeto y puede llegar a emocionarme algunas de sus obras así como creo que deberían ser destruidas muchas de ellas, por los muertos y también por lo de la estética deplorable de muchísimas. Y también, no me parece, tengo la convicción, que todavía ahora se están construyendo grandes templos, feos según mi sensibilidad, degradantes según mi compromiso en la responsabilidad de las Artes; uno en concreto que aún se podría considerar bonitillo e interesante, sin negarle originalidad y petulancia, si se hubiera quedado como estuvo mucho tiempo, inacabado, y que era y sería una característica de mi ciudad, Barcelona.
            Y recuerdo otra de esas monstruosidades, copia más o menos de la que es símbolo y jefe de una determinada religión, que allá está en un casi desierto de un sector geográfico de África en el que la mayor parte de sus habitantes viven en una precariedad de subsistencia casi miserable o miserable demasiados de ellos.
            Sí, hay una responsabilidad cívica en el compromiso de los creadores en las Artes.
            Aquí hablamos de Cine. Con la humildad a la que me siento comprometido como creador, sin rubor al considerarme creador, suelo decir "Hago Cine con el propósito de que cada uno sea en sí mismo su propia obra y no tenga necesidad de ver la obra de los demás".
            Las Artes son responsables de la evolución de la sensibilidad, que con Ellas ha venido desarrollando la posibilidad de ser conscientes de la Belleza, armonía, equilibrio, base de la conducta cívica. Sí, bueno, toda conducta es cívica.
            Esa responsabilidad que debería estar asumida por todo creador; con la cual desresponsabilizaría a su Arte, que debe ser consecuencia de la espontaneidad, la verdad, de lo que siente necesidad de manifestar, de expresarse, con la dignidad de su compromiso natural. No puedo evitar una referencia a cuando ese compromiso deja de ser ese y se acepta a deformarlo con sutilezas de lo conveniente, lo operativo, que da como consecuencia el estado deplorable de nuestra civilización que progresivamente acelera su evidente propósito, se está presintiendo necesidad, de suicidio.
            La prueba de lo que digo de esto del suicidio es que aquí estamos, estropeándonos los encuentros, dispersándonos en el miedo, que no queremos aceptar, que queremos, creemos, no tener, porque un grupo de irresponsables quieren hacer una guerra, dicen, para acabar con otro irresponsable de su misma especie de los que mandan. La ceremonia de la muerte asesina de no sabemos cuantos moriremos.
            Yo tengo miedo; cada día más. Estoy hablando con miedo al terror que están provocando. Posiblemente atenuado por la ceremonia de la muerte que ayer compartimos con el compañero André Delvaux, que supo hacerlo culminando la mejor obra de su creación que tan bien, también, extraordinariamente, supo exponer; tranquilamente, a darnos ánimos con su despedida a los compañeros a los que sintió amigos y que desde ayer somos más amigos suyos todavía. Gracias, amigo Delvaux, compañero, porque ya nunca podremos recordarte, porque sigues con nosotros, para siempre.
            Antes de continuar, recuerdo una frase del pensamiento de un amigo al que no tuve oportunidad de conocer, amigo en la profundidad de la sensación abstracta, Albert Einstein, "No hagas nunca nada en contra de tu conciencia, ni aunque ella te lo pida".
            La única, la gran responsabilidad del Arte, de las Artes, es despreocuparse de su responsabilidad e ir manifestándose, desarrollando, en cada uno de sus creadores con la inspiración que proviene de lo infinito, eterno, de la Inteligencia; que es común a todos los, aceptémoslo por el momento entre nosotros, pensantes.
            La responsabilidad somos todos. Y las Artes han venido creándose por la necesidad que el Hombre siente de ser sensible a ello. La emoción. La belleza; sin ninguna relación con lo bonito o lo feo, que son asuntos de esa realidad cotidiana de la que ahora no estamos hablando.
            Ante Ellas, cada tactor, oledor, oidor, gustador, veidor, está haciendo la obra con el prójimo que entonces la realiza, desarrolla, estructura. Y con los miles de millones, ahora somos unos pocos seis mil y pico de millones, que también están en todas las obras hechas. Y por hacer, en la realidad de lo cotidiano; y que ya están hechas en lo absoluto, infinito, de la verdad.
            En este mundo, en el que intento hablar aquí, "ahora" es "siempre", el siempre de antes y de después, sin relojes ni calendarios.
            La existencia es la realidad, la verdad es la vida.
            Esto es más o menos el Arte, las Artes. Por ahí anda.
            Lamento no tener preparación científica, académica, para explicarlo con la claridad que lo sé.
            Y se me aturulla lo de "cívica". Entiendo y comprendo el vocablo, pero no acabo de sentirlo aquí intrometido. Tengo la impresión de que civismo es conducta, relación, y que está implícito en responsabilidad, o responsabilidad implícita en cívico, con reminiscencias de acusación.
            Ya sé que con estas carencias lo aconsejable es no intervenir, pero aún voy a continuar para ver si soy capaz de aportar algo al tema que tratamos concretando en nuestro amado Séptimo Arte.
            Es al que mayor responsabilidad se le atribuye con apenas poco más de cien años de existencia; precisamente porque tiene vida desde que el Hombre toma conciencia de sí, resultando ser un sentido más, ya latente, cuando por fin logra manifestarse. El único Arte que ha necesitado inventar la maquinaria para existir.
            Por la gran influencia que naturalmente ejerce en el desarrollo de la sensibilidad, la mayor parte de las obras son películas artesanales condicionadas para satisfacción del poder político al que le interesa la idiotización, con la que paulatinamente logran mayor cantidad de público a plena satisfacción del poder económico que utiliza esto del Cine como la mercancía que resulta ser, con toda responsabilidad de los que prescinden de su compromiso de creadores, será que no lo son, con la degradación de un medio que se ha inventado a consecuencia de que es uno de los sentidos y que se ha ganado el calificativo de Arte.
            Cuando se andaba por el año 1995 con el entusiasmo de la conmemoración del centenario se me ocurrió escribir un texto en el que proponía la gran ceremonia de quemar todo lo que hasta entonces se había hecho, todas las copias, todos los negativos, publicidades, fotos, acumulado en un desierto, el Sahara por ejemplo, donde por fin el ejército tendría un cometido digno de vigilar el mantenimiento de la pira con sus lanzallamas hasta asegurarse de que sólo quedaban cenizas, mientras el enorme grupo que resultara de reunirse todos los pensadores, creadores, historiadores, críticos, ensayistas, que sintieran el compromiso de su responsabilidad, cívica, naturalmente, hablarían, discutirían, estudiarían, desde el mucho daño que hace el Cine hasta la extraordinaria evolución que significa en el Hombre descubrirse otro sentido que lo engrandece, magnifica, ensanchando su capacidad de sensibilidad hacia el infinito, lo eterno, en que está, es, que sólo necesitamos saberlo; y que este amado Arte del Cine sugiere, intuye, va descubriéndonos, sensorializándonos.
            El poder también lo presiente, no dejan de ser hombrecitos esos que mandan, que algunos, siempre demasiados, han mandado quemar libros; bibliotecas enteras se han destruido, algunas por bombardeos, arrasadas. Suelen tener prevención hacia la Cultura, a las Artes; nunca hablan de ello en sus campañas propagandísticas electorales.
            Bueno, pues ya sabía que mi propuesta de la gran ceremonia de la conmemoración del centenario no iba a ser aceptada, claro; no logré ni un solo adepto. Y sí muchas sonrisas, sarcásticas, benevolentes, como las que veo ahora aquí, también de burla. Estoy acostumbrado; también yo sonrío.
            Aunque todos ya lo sabéis, ni por un momento se me ocurrió que se dejara de hacer Cine. Con la propuesta sólo intentaba que se siguiera haciendo obras de manera que cada creador se sintiera con el compromiso, sobre ésto es el Encuentro, de sentir la responsabilidad ética, cívica, de las Artes.
            El Cine es siempre, con todos sus lastres, y a pesar del fuerte impacto de los llamados audiovisuales; de lo que estoy seguro que hablaremos en otra, otras, ocasiones.
            Bueno, ya está, me quedo por aquí; antes de que empiece a ver miradas a los relojes, como me parece que ya alguna se ha escapado.
            Salud. Felices obras.
            Y a ti, compañero. Espero haber tomado bien el recado.


Texto para la revista "Al margen" de Valencia, agosto 2003


        El Cine es el Séptimo Sentido

        El Arte, cualquiera de ellas, tiene su origen en los sentidos, que a su vez van surgiendo en el impulso del hombre de venir descubriéndose, desarrollándose en el instintivo propósito de conocerse, ampliándose en sus posibilidades de saberse.
            Me falta preparación científica para explicarlo de manera tan clara como lo siento. Lo más fácil sería ni siquiera intentarlo; ya lo sé, no es necesario que se me aconseje.
            Insisto en hacerlo porque estoy convencido de que la verdad de todo ésto es más o menos así, que por ahí anda.
            Propuesta para discusión que persevera en temas inagotables.
            Cada sabio tiene su versión sobre cuales, cuantas, son las artes; por lo que parece ser que se ha intentado concretar en lo de la definición de Bellas Artes, continuándose en enfrentadas opiniones, habiéndose prescindido de eso que andaba por ahí de esa siniestra de arte de la guerra.
            No sé si puede ser sabio un imbécil capaz de una tal idea.
            El Arte es belleza. Que no se debe confundir con boniteza, ni comparar con fealdad, como tantas esas cosas que el hombre viene intentando, nunca sabré porqué, en ese proceso de lo que se reconoce como desarrollo, que entorpece, degrada, se intenta tantas veces, tan siempre, lo que es creación, evolución.
            Años, tal vez miles, cientos, seguro, se ha tardado en esa sutil transición de artesano a artista, de depurar el Arte de lo artesanal, lo útil de lo necesario.
            No es una paradoja, aceptémoslo, el Arte es inútil; pero de mucha mayor incidencia en el hombre que lo útil, es necesario.
            Utilidad es convivencia, realidad, cotidianidad; la realidad. Necesidad es conciencia de la verdad.
            Es de suponer que cuando nos iniciamos como entes éramos en realidad, sin sabernos; los sentidos fuimos creándolos consecuencia de la necesidad y por ellos tomamos conciencia de la verdad.
            Intuyo que tuvimos la confirmación de sabernos cuando llegamos a comprender que aquello otro que veíamos, el prójimo, era como nosotros, la realidad; y que alcanzamos la verdad cuando fuimos comprobando que coincidíamos en los sentidos; nos tocábamos, olíamos, oíamos, compartíamos gustos y emitíamos sonidos, por lo que empezamos a comunicarnos.
            Suelo decir, sin rubor, que la Ópera fue la primera de las artes,  iniciándose con los gritos para comunicarse a distancia, entonando y matizando los sonidos según lo que quisieran decirse.
            Es curioso que en los últimos tiempos, no sé desde cuando, fueran aceptadas o consideradas como Arte, a destacar de lo artesanal, precisamente, como los sentidos, también cinco; Arquitectura, Escultura, Pintura, como las más primitivas o primigenias, a las que más tarde se incluye, o aceptan, la Música y la Poesía. Aparece una confusión al incluir la Literatura, que ya podría estar en la Poesía, el Teatro, y también aparece la Danza.
            Para no alargar esta propuesta de discusión y llegar a lo del Cine, se considera que son seis las artes, más o menos desde cuando la Ciencia nos descubre un sexto sentido, hacia los inicios del pasado siglo veinte o finales del anterior.
            Por entonces emerge una cierta efervescencia en torno a la evolución de las artes, del Arte; incipiente manifestación de la sensación abstracta especialmente en la pintura, el surrealismo, y unos cuantos ismos más que pueden tener su manifestación, las obras de esos estilos, una relación muy asimilable a la sensación del sexto sentido.
            Y aparece el Cine.
            Hacia 1914-1916, Riccioto Canudo, crítico de Arte, sobre todo de Cine, de origen italiano, en Paris, desarrolla un estudio sobre "La Historia de las Artes" en la que clasifica el Cine el séptimo de ellas. Ya se conoce el éxito con que ha afirmado tal definición, que destaca por innominación numeral de las otras, sin darle por ello mayor o menor importancia puesto que las otras no tienen ordinal; como tampoco lo tienen los sentidos, hasta que aparece el sexto al que no se le ha encontrado nombre propio que quizá se podría simplificar con intuición. Cada científico podría aplicarle otro que creyera más adecuado, como ya existen propuestas o sugerencias a decenas. Creo que está bien que se quede en sexto sentido.
            Como creo que está bien que el Cine siendo el Séptimo Arte sea el Séptimo Sentido. Lo es.
            Desde aquel origen de cuando empezamos a reconocernos un prójimo e inevitablemente empezamos a imitarnos en gestos, movimientos, y a inventar nuevos que cada uno otro intentaba superar mutuo sorprendiéndose a cada descubrimiento, al que fueron incluyendo el sonido de la voz. La belleza del inicio de la comunicación; balbuceos del Teatro. E inicios del Cine, en lo más profundo, en lo que empezaba a crearse en el incipiente pensamiento, atisbos de la emoción.
            Se sabe que la Arquitectura se inicia cuando habilitamos la primera cueva para habitarla. Y posiblemente la Escultura cuando hacemos la cueva, siempre mucho tiempo después, al escoger el lugar y la forma de la excavación, en lo que ya interviene la decisión, y la estética; y también es posible que una muesca, grabado o dibujo en la piedra, que identifica a quien, quienes, lo han hecho y la habitan.
            Las artes van apareciendo a medida que los sentidos se desarrollan.
            Y cada vez con mayor persistencia el interrogante de la incógnita de cómo saberse integrado en lo absoluto de la Inteligencia.
            El Sexto Sentido, cuando empieza a estructurarse en conocimiento, es una enorme evolución al informarnos de las posibilidades que tenemos de sabernos.
            Y coincide en la misma época, más o menos, de la invención de los elementos técnico-mecánicos que hacen posible la manifestación del Cine. Que es el único Arte que ha necesitado de la invención de la maquinaria para poder crearse la obra.
            Suelo decir que el desarrollo industrial se ha inventado, desde tiempo ha, para lograr la posibilidad de crear en Cine. Y también, en contraposición, en contra, de eso de la maquinaria para hacer guerras, desde tan antiguo.
            Desde los orígenes el Cine es una necesidad de los sentidos, concretándose en uno más.
            Cuando empezamos a cimentar la memoria, en la búsqueda del recuerdo, se pusieron las primeras simientes del Cine. Las otras artes fueron surgiendo y han contribuido a lograr el fruto de esas simientes, claro.
            Y cada una de ellas, todas, coadyudaron, siguen haciéndolo, a ampliar la capacidad sensorial que agudiza la emoción; cada una en sus manifestaciones específicas.
            Es Cine las imágenes que quisiéramos no olvidar, y los sonidos, las sensaciones que nos produjeron, que la memoria engulle y digiere y no sabemos como acceder a ellas, desde la realidad. El Sexto Sentido, a veces, alcanza a localizarnos en esas sensaciones perdidas que queremos traer de lo incógnito de la verdad a lo cotidiano de la realidad.
            No hablemos hoy de los sueños.
            Impresiona, hasta el escalofrío, encontrarnos en una cueva envuelto en pinturas rupestres, allí a casi un kilómetro en el interior de la tierra, en conexión, llega a sentirse, con nosotros de hace catorce mil años, según dicen; no importa el tiempo de los calendarios y los relojes. En Altamira, la única en que he estado, mucho antes de que hicieran la reproducción para el público y reservar el original para visitas científicas.
            Parpadeando a ritmo suave y deslizando despacio la mirada se logra la sensación de que los bisontes se mueven; y algún momento también algunos personajes.
            Ahí está ya el Cine manifestándose, aunque ellos no supieran que lo hacían.
            Ocuparíamos páginas en demostraciones de este tipo en lo concreto, perceptibles a veces a través de, o consecuencia de, un sentido indeterminado hasta que podemos definirlo como Cine.
            Desde ningún otro sentido, desde ninguno de los tradicionalmente consolidados, podríamos explicar la sensación distorsionada del tiempo.
            Rodando a 1.250 imágenes por segundo, se proyecta a 24 y ahora en video a 25, puede verse el recorrido de una bala y como rompe una bombilla, el aletear de un mosquito, las he visto, hasta el mínimo detalle.
            Las imágenes pueden detenerse, volver atrás, o irse al revés, sobreponerse en acciones diferentes, la misma acción en sucesión escalonada, un eco de la imagen.
            Bueno, todo eso que ya muchas veces se ha visto. Y no siempre utilizado con la dignidad de lo que significa Arte. También la tortura es una cruel manifestación del tacto.
            El Cine, exclusivamente, nos crea nuevas sensaciones, nuevas emociones; nunca antes sentidas. Ver actuando a personas que han muerto, verlos jóvenes cuando ya son ancianos. Ver sus miradas, expresiones, a través del tiempo. Sentirlos con nosotros si ponemos atención, sorprendiéndonos de que sin saber qué es, sin poder explicarlo, algo está ocurriendo. La enorme, absoluta, sensación abstracta que tanto nos evoluciona. Cuando todo se hace Universo, infinito, en cada uno de nosotros. Sólo es predisponerse a estar atento y entramos en la maravilla de la Soledad.
            Que empezó entonces, cuando nos descubrimos reconociéndonos un prójimo; aún no habíamos inventado el espejo ni se nos había ocurrido descubrir nuestra imagen reflejada en las aguas tranquilas.
            Y entonces fue, ¡cuántos largos años, que no importa cuantos! cuando empezamos a saber de eso de la Soledad, ese amplio y prodigioso camino a sentir la Inteligencia.
            Por ahí, por toda esta confusión, andamos intuyendo el Séptimo Sentido. Que es el Cine.
            Agosto 2003
            Para la revista "Al margen" de Valencia, con todo el afecto compañero.
            Salud.
            Nunes

                                Nunes. 
íTanto cine dormido! (1997)



Texto de junio de 2001



Hay un Séptimo Sentido

        Cuanta más vulgaridad y mayor ordinariez se ve, y oye, y menos mal que aún no huele si no serían del todo insoportables, en la utilización del Cine en esos productos en los que todo es destrucción con aparatosas violencias de explosiones, disparos de todas las armas de lo más sofisticado, y gritos, enfrentamientos de repugnante dialéctica en personajes que mueren de agonía abandonados de la Inteligencia que han abandonado, mejor y mayor entusiasmo siento por esto del Cine.
        Está logrando, en la manera obscena y burda en que está siendo utilizado, en descendente degradación, el camino hacia el caos de esta sociedad. El caos, inconscientemente para la mayoría, tan deseado. Tan necesario.
        El Cine se reafirma como el Séptimo Sentido, por el que la Inteligencia manifiesta la inevitable necesidad de selección hasta llegar a prescindir del hombre, que no ha logrado la Humanidad que le era posible y para la que podría estar preparado, preparándose, si desarrollara, cada uno en sí, su equilibrio de consciencia para una progresiva integración en ella, la Inteligencia, claro.
        Llego a dudar de si merece la pena el esfuerzo de enfrentarse al ambiente generalizado, tan cómodo, aceptado, incluso deseado, por eso de la llamada mayoría, que lo popular hace que dé tan amplios resultados comerciales. Y ya se sabe que la idiotización es el más acomodaticio camino a la muerte.
        La rana se deja morir porque le gusta el agua caliente y se alucina con la temperatura que sube hasta cocerla. No me gustan los ejemplos, pero me angustian las ranas.
        Y no llego a dudar en absoluto de que en el Cine, en el Séptimo Sentido, se llega a límites de percepción que evidencia la gran emoción de la belleza, en ese saberse absoluto, en lo infinito de la eternidad que puede ser el Hombre, que es, en la responsabilidad de ser consciente de la integración, la identificación, de la calidad que es la Inteligencia.
        Y con todas las dudas y no dudas tengo la certeza de que vivo en perenne estar atento queriendo lograrlo y haciéndome en Cine con el propósito de que cada uno se sienta conmigo haciendo la obra cuando la está viendo y sólo así puede llegar a realizarse.
        La ceremonia de la belleza del Arte, de las Artes, que nos emociona descubriendo que todo está ocurriendo siempre en este instante que notamos construyéndonos.
        Mañana, en el tiempo de los relojes y los calendarios, ahora, que es siempre, cuando la vean se estará haciendo, voy a empezar una nueva película. Sobre la soledad. Es sencillo el tema, muy simple: intentar sentirnos en la edad del sol. Y existir con él cuando la sensación de algún pensamiento nuevo nos lleve por la memoria a conectar con la Inteligencia. La más completa soledad, en la que cada uno puede encontrar su capacidad de creación. Todos la tenemos y  muchos nos hemos emocionado sin saber porqué; algunos, alguna vez, lo sabemos. Y muchos más no lo sabrán nunca, ni las ranas.

        Nunes · 29-6-2001

Nunes. 
Hacia la soledad (2001)

Hacia la soledad
Un día, cuando se haga la luz para los ciegos
los del largo estar por lo negro
ya nos sabremos en la edad del sol.




Texto para la presentación del Festival de Cine de Girona, octubre de 1997


        El Séptimo Sentido

        El cine es mucho más allá o mucho más acá que el Séptimo Arte.
        Es una buena definición para caracterizarlo diferenciándolo de las otras seis, entre las que no hay categorización ordinal, aunque antes había una cierta aceptación de artes mayores, la pintura, la escultura, la arquitectura, las Bellas Artes, y en algunos casos, la música y las artes menores, que podrían ser la poesía, la danza, algunas veces el teatro y la mímica, según los diferentes autores que hablaron sobre esto desde la antigüedad.
        Por fin, en 1914, Riccioto Canudo, crítico de cine, italiano nacionalizado francés, escribió el Manifiesto de las Artes en el que propuso que fueran seis las Artes a destacar, y asignó al Cine lo de séptimo.
        No sé si hoy le habría dado esa categoría paralela a la de las artes; porque  la mayor parte de las películas que se han venido haciendo no lo merecen, claro, como todo el mundo sabe.
        Ha resultado inevitable que sea un espectáculo para idiotizar a las masas, que sea una industria que mueve grandes negocios, que haya millones de personas que quieren que sólo sea así porque sólo así les interesa y les conviene a los que intentan condicionar y supeditar las mentes y las sensibilidades de los que van a votarlos.
        Pero no se puede impedir la evolución de lo que es Cine, que ha superado los pronósticos de los propios inventores del artilugio que lo hace posible, que en algún momento se dijeron si no habrían hecho una tontería al sacarlo del laboratorio, que yo creo que sí, y que en otro momento se conformaron comentando que en definitiva no iba a ser más que una atracción de feria que en poco tiempo perdería todo interés.
        Se les puede homenajear como inventores, pero habrá que excusarlos como vaticinadores. Fueron inventores, pero no creadores del Cine.
        El Cine no puede ser creado porque está creándose desde y hasta siempre.
        El Cine es un documento humano, que empieza a autentificarse cuando el hombre empieza a hacerse adulto. Y su grandeza, que desde hace tiempo se insinúa y empieza a detectarse, es que el espectador también comparte, forma parte, es parte de su creación.
        El inconsciente es colectivo y receptivo de todo lo creativo del individuo, de todos los individuos; todo lo negativo, lo malo, que pueda crearse en el consciente queda detenido por y en el subconsciente.
        Por eso creo en la inspiración, que viene de allá, de ninguna parte definible del absoluto sensible del creador, en ese infinito del inconsciente que permanentemente está en expansión, progresión, creación.
        Todo hacedor de Cine debe ser creador, sabiéndolo, y todo espectador lo es también aún sin saberlo, y mejor cuando es capaz de también saberlo. Se llegará.
        Es un apasionante ejercicio de inteligencia.

Nunes.  (2002) Cuando la eternidad y el caos
se sientan la misma cosa
la vida ya no será necesaria.

La inteligencia será lo todo, absoluto y único

        No hay que encerrarse en entender las películas como una limitación de la conciencia que sólo reacciona ante el espectáculo que le divierte en el estado más primitivo de la capacidad inmensurable del ser humano.
        Hay que exigirse la facultad de extenderse a la comprensión de toda obra que, creada por un individuo, unos individuos, es naturalmente asimilable por todo individuo, todos los individuos.
        Es mucho más placentero, congratulante incluso, emocionarse presintiendo una propuesta abstracta, con la que aún inconscientemente podamos identificarnos, que lo divertido de una risa ante cualquier situación chistosa y degradante, que no todas lo son, o asombrarse ante fantasmagóricos efectos especiales de brutal espectacularidad con destrucciones y muertes, siempre sádicas, o la alucinación de traslados a eras pretéritas o futuras de historias deprimentes.
        Lastre que se produce inevitablemente para ir soltándolo.
        Porque la escasez de temas, la limitación de ideas, la precariedad de la imaginación, facilitan la mínima capacidad necesaria, al alcance del límite de cretinización, para la aceptación de la vulgaridad tan negativa, en consonancia con el creciente analfabetismo funcional.
        Hay una asombrosa diferencia, que asombra también por su sutileza de fácil superación, entre lo que ven los ojos de la realidad y lo que puede ver la imaginación.
        Debe crearse la lucha permanente, ser siempre conscientes de ello, para ir delante del intento de la inteligencia cibernética, o dominarla, para evitar que nos anule. El Cine es el Arte de mayor dimensión humana. Nos agudiza y acelera nuestra condición de mutantes en evolución, nos crea un séptimo sentido.
        Alguien, por cierto, un gran creador, decía que el Cine es un sueño hecho realidad. Una gran intuición. Porque es más trascendente. Es «la realidad que crea nuevos sueños», nuevas formas de sueños, con nuevos temas, nuevas estructuras, nuevas emociones y nuevas reacciones, mejor dicho, nueva verdad que supera la realidad. La realidad puede no ser verdad, la verdad siempre es realidad.
        Y la realidad se está haciendo otra a consecuencia o a través del Cine, que ensancha y reafirma la verdad.
        Aunque el Cine más primitivo sea subsidiario de la realidad influenciada por las artes tradicionales, y no me refiero sólo a las que destacan, la verdad es que el Cine aporta mucho más al desarrollo de todas ellas de lo que de ellas recibe, demostrando así que el Cine es, también, el laboratorio en el que el hombre está en permanente experimentación en su natural evolución a descubrirse.
        Una parte del tiempo puede ser más grande que el todo, en el supuesto de que fuera mensurable. Se miden horas, minutos, días, años, pero no el tiempo. El tiempo es energía del pensamiento en consciente presencia permanente. Todo está ocurriendo siempre.
        Todo Cine hecho con el único propósito de espectáculo para producir dividendos es una degradación de la sensibilidad y embotamiento de la libertad de pensar, merma la capacidad de observación y meditación y es aniquilamiento del espíritu crítico.
        A pesar de que así siga siendo utilizado, que cada vez lo será menos porque irá siendo cada vez menos espectáculo de masas, ya forma parte del nosotros absoluto como uno de nuestros sentidos.
        El Cine es el Séptimo Sentido. Una progresión de todos, ultrapasando el intuido e instintivamente aceptado como sexto, sin que ninguno de los anteriores, como en las Artes, tengan categoría ordinal.
        La satisfacción adquiere niveles de complacencia en los que el individuo presiente que forma parte de un ser absoluto que justifica, o se explica, magnificándolo, nuestra condición de racional.
        Deseo que este Festival de Girona, principalmente motivo de reunión de individuos y obras como los anteriores, sea otro paso bueno.

        Nunes